El dilema de decir que no a los niños y que funcione

En Educación by Mariana MartínezLeave a Comment

El decir que no a los niños puede ser un dilema y un dolor de cabeza. Hay padres que dicen estar desesperados porque sus hijos no entienden el “no” y por tanto no encuentran la manera de ponerles límites. Por otro lado, están quienes afirman que, si les decimos que no, les estamos quitando libertad y generando algún tipo de trauma.

Entonces, ¿podemos o debemos decir que no a los niños? La respuesta corta sería: sí pero no. La respuesta larga y su justificación te la explico en este post.

El no como una forma de control

Los adultos solemos utilizar el no con la finalidad de controlar el comportamiento de los niños. Es una palabra que transmite prohibición y negación; por lo que cuando la decimos esperamos que automáticamente cese el comportamiento que están teniendo (por ejemplo, eso no se toca, eso no se hace) o que entienda que no tiene permitido hacer algo (no puedes saltar en la cama, no puedes comer con las manos sucias, etc.).

Es cierto que los límites son necesarios y beneficiosos, tanto para niños como para los adultos. Sin embargo, querer imponerlos a base de repetir constantemente que no pierde efectividad y resulta contraproducente. Por eso, lo más adecuado es abandonar la noción errónea de control y apostar por invitar a la cooperación.

Piensa en un niño al que todo el tiempo le regañan y le dicen que no: “no toques ahí. No puedes hacerlo tú solo. No corras tan rápido. No escupas la comida. No te metas las manos en la boca. No grites. No llores.” Es probable que en un tiempo sea un niño que dice a todo que no (hablaremos de la “etapa del no” más adelante) o un adolescente que haga las cosas a escondidas porque está acostumbrado a que le digamos que no.

Por otro lado, si en lugar de decir que no, invitas a la cooperación, es decir lo haces partícipe en la toma de decisiones, le das opciones a elegir, hay un consenso para buscar soluciones, etc., y esto lo trabajas día a día con mucha paciencia y perseverancia, ese niño estará más acostumbrado a participar y a colaborar cuando se le pide, obedecerá de manera libre. (Te invito a revisar los niveles de obediencia según María Montessori aquí.)

Cuando los niños descubren el poder del no.

Alrededor de los dos años, los niños viven un proceso de individuación, esto significa que empiezan a verse como personas independientes a los adultos que les rodean. Es una etapa fascinante en la que se hacen más conscientes de sus capacidades y además coincide con una significante evolución en su lenguaje.

Entonces, un día descubren que cuando dicen la palabra no, que probablemente han escuchado muchas veces antes, suscitan una serie de reacciones en los adultos que les resultan de lo más interesantes e, incluso, divertidas. El no se convierte así en su palabra favorita y la repiten constantemente.

Sin embargo, no son muy conscientes de lo que significa. Los niños menores de tres años no entienden el no como lo hacemos los adultos o como nos pensamos que lo hacen. Para ellos, el no es un concepto abstracto que, la mayoría de las ocasiones les impide satisfacer su necesidad de explorar el mundo y desarrollar su autonomía.

Cuando los niños nos contestan que no a todo o nos ignoran cuando les decimos que no a algo, no significa que lo hagan por ser malos o porque quieran retarnos o desafiarnos. Simplemente es porque su curiosidad innata, sus ganas de conocer y de probar nuevas cosas son las que ganan.

Si quieres saber porqué los niños se portan mal y qué puedes hacer para reorientar esas conductas, te recomiendo el curso online «Descifrando las malas conductas de los niños.«

El problema lo tenemos los padres (y adultos en general) cuando pensamos un niño menor de cinco años sabe perfectamente que hay comportamientos que no debe tener porque le hemos dicho que no previamente. No obstante, en esa edad, los niños todavía no son capaces de comprender la causa y el efecto de una acción.

Para entender mejor lo anterior, te invito a ver el siguiente vídeo basado en un experimento de Jean Piaget.

Como ves, los niños son buenos observadores, pero todavía no saben interpretar y comprender lo que sucede. Este experimento nos ayuda a darnos cuenta de que los niños no entienden el no de la misma manera que nosotros y que, por tanto, resulta ineficaz decirlo repetidamente a niños pequeños. En esas edades, lo que necesitan es de mucha supervisión y luego distracción y redirección cariñosa de su conducta.

En otras palabras, de nada sirve que le repitas un montón de veces a tu bebé o a un niño pequeño que no meta los dedos en el enchufe. Da igual que le expliques que es peligroso y que se puede hacer daño. Sus ganas de ver qué hay en ese curioso hoyito serán más fuertes que tú no. ¿Qué puedes hacer? Poner protectores para enchufes y supervisarlo. Cuando lo veas cerca de uno, cogerlo cariñosamente, alejarlo de ahí y buscar algún juguete para entretenerlo.

Cómo decir que no, sin decir no

Esta bien querer poner límites diciendo que no, sin embargo, cuando lo decimos constantemente es como encerrar a los niños en una habitación de cuatro paredes. Por otro lado, cuando en lugar de decir no, utilizamos otras estrategias para indicar aquello que sí pueden hacer, le ponemos puertas y ventanas a esas cuatro paredes.

A continuación, te comparto algunas ideas para decir que no sin decir que no. Algunas son

*Di lo que quieres

En lugar de decirle a un niño que no haga algo, dile lo que sí puede hacer o lo que quisieras que haga.

Ante la pregunta: “¿Puedo comerme un caramelo?”

Alternativa al no: “Puedes comer un caramelo cuando termines tu comida.”

*Da opciones limitadas

En lugar de responder automáticamente que no, dale opciones entre las cuales pueda elegir.

Ante la pregunta: “¿Puedo comerme un caramelo?”

Alternativa al no: “Si tienes más hambre te puedes comer una fruta. ¿qué prefieres, fresas o mandarina?”

*Da información o haz preguntas de curiosidad.

No respondas tú, dales información que les permita a ellos mismos llegar a la respuesta.

Ante la pregunta: “¿Puedo ver una película?

Alternativa al no: «La cena estará lista en 10 minutos.» O «¿Has terminado tus deberes?»

*Distracción y redirección.

Especialmente para niños pequeños. En lugar de repetirle que no haga algo o no coja un objeto prohibido, dale la mano o cárgalo, aléjalo del lugar y enfoca su atención en otra cosa.

En lugar de: “Esos libros no se cogen.”

Actúa: “Ven vamos a buscar un libro que puedas ver tú.” “Vamos a buscar tus coches para jugar.”

*Concédelo en la imaginación y usa el buen humor.

Cuando no puedas responder que sí a alguna petición, imagina que dices que sí, exagera la respuesta y utiliza el sentido del humor.

A la pregunta: ¿Podemos ir a Disneyland este fin de semana?

Responde: ¡Eso sería increíble! ¿Te imaginas que existiera un tren que nos llevara desde la puerta de casa hasta la puerta de Disneyland en sólo un momento? ¿Y que además de todo fuera gratis!? ¡Podríamos ir y volver cada vez que quisiéramos!

*Di que sí.

Piensa cuántas veces dices que no casi de manera automática y muchas veces sin reflexionar. Vuelve a preguntarte ¿por qué no? A veces detrás de un no están nuestros miedos, dudas, o porque es lo que nos han dicho a nosotros. Quizás hay algún no que puedes cambiar por un sí.

¿Significa entonces que no puedo decirle no a mi hijo?

Por supuesto que no. Intenta decirlo sólo cuando sea realmente necesario y ninguna de las opciones anteriores te sea válida, en especial con los menores de tres años.

Los niños también tienen derecho a decir que no

Por último, es fundamental mencionar que los niños también deben aprender a decir no y los adultos debemos aprender a respetarlos. Quizás ahora pensamos que es mejor que los niños hagan lo que les pedimos sin opción a decir que no. Por supuesto, nos facilita mucho la vida. Pero son personas, no robots. Cuando sean mayores y adolescentes agradeceremos que sean capaces de decir que no a según qué circunstancia que puede ser peligrosa o desagradable.

Por eso, debemos alentarlos a que también ellos sean capaces de poner sus propios límites y decir que no: que no quieren dar o recibir besos, que no quieren saludar o despedirse de alguien, que no quieren jugar en ese momento, etc. Y a nosotros nos tocará respetar esas decisiones. Cabe aclarar que siempre con sentido común y teniendo en cuenta nuestra responsabilidad como padres.

Como conclusión me quedo con esta maravillosa frase :

“Hay tres tipos de no: los que se puede evitar decir, los que se puede evitar oír y aquellos con los que se puede aprender a convivir.”

Nelsen, Erwin & Duffy

Sobre el autor

Mariana Martínez

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Soy mamá, pedagoga y educadora de padres de Disciplina Positiva. Me dedico a asesorar y capacitar papás dándoles herramientas con las que educar a sus hijos con respeto, amor y asertividad. Mi objetivo es fortalecer a otras familias ayudándoles a construir una base sólida que favorezca el crecimiento de cada uno de sus miembros.

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