La mejor manera de utilizar las consecuencias lógicas

En Disciplina Positivaby Mariana MartínezLeave a Comment

Existe una gran confusión entre el castigo, las consecuencias lógicas y las consecuencias naturales. A muchos papás la palabra castigo les suena muy cruel o una medida poco pedagógica para educar a los niños. Entonces, utilizan la palabra consecuencia creyendo que funcionará mejor. La realidad es que la mayoría de estas consecuencias son castigos mal disimulados.

Primero que nada, se ha de puntualizar que, tanto los castigos como las consecuencias, se utilizan como un método de disciplina. El problema está en que a veces se piensa que disciplina equivale a obligar a los niños a que se comporten de manera adecuada. Sin embargo, el objetivo de ésta es motivar y ayudar a los niños a que lo hagan cada vez mejor.

Se recurre al castigo por varios motivos. El primero porque seguramente es la forma en que nos han educado a nosotros, en casa o en la escuela. En segundo lugar, porque funciona pues es altamente probable que la conducta pare en el momento en que se impone el castigo y no se repita durante un tiempo. Y, por último, porque en ocasiones vemos necesario que los niños «se den cuenta» que han hecho algo mal y encontramos en el castigo la «mejor manera» de que aprendan.

No obstante, a pesar de que funcionan a corto plazo, habría que analizar los efectos de los castigos a largo plazo y más allá de que se interrumpa la conducta en ese momento. ¿Cómo crees que se siente un niño cuando lo castigan? ¿Te parece que se siente motivado a actuar mejor? Y si es que sí, ¿será porque ha aprendido o porque tiene miedo al castigo?

Normalmente los papás piensan que los castigos impulsarán a los hijos a hacerlo mejor. Pero como afirma Jane Nelsen, «¿de dónde hemos sacado la idea loca de que, para que los niños lo hagan mejor, antes tienen que sentirse peor?» ¿Qué es más importante, que los aprendan de sus errores o que paguen por ellos?

Los niños interpretan los castigos de diferentes formas. Algunos piensan que son malos o que no valen para nada. Otros deciden no repetir la conducta, pero lo hacen por miedo y no por haber aprendido el valor. Otros piensan en cómo vengarse más adelante o cómo hacer para que no los pillemos nuevamente. Pero finalmente, la mayoría se centra en la ira y la injusticia que sienten hacia el adulto que les ha impuesto el castigo, más que en la conducta.

Por otro lado, están las famosas consecuencias que muchos papás suelen utilizar de la siguiente manera: «Si no haces x, habrá consecuencias.» o «Si haces y, habrá consecuencias.» Al final la palabra consecuencia se usa como un sinónimo de castigo, y no como una herramienta diferente que ayude a motivar a los niños a mejorar.

Hay dos tipos de consecuencias: las naturales y las lógicas. Una consecuencia natural es cualquier cosa que sucede de forma natural, valga la redundancia; sin interferencia de nadie. Por ejemplo: si nos quedamos bajo la lluvia, nos mojamos; si hace frío y no llevamos abrigo nos da frío; si no comemos, nos dará hambre.

Lo importante al hacer uso de las consecuencias naturales es no añadir las típicas coletillas de adulto: «Ya te había dicho que si no te ponías abrigo pasarías frío.» «Te lo dije. Si no comes, te dará hambre.» En lugar de eso, es recomendable mostrar empatía por lo que el niño está experimentando: «Me imagino el frío que estarás sintiendo al no traer abrigo, seguro que está siendo duro para ti.»

Por supuesto que es duro dejar que los niños experimenten algunas consecuencias naturales como el frío o hambre. Evidentemente se han de utilizar siempre y cuando no sean un peligro para la salud de éste. Sin embargo, dejar que pasen un poco de frío o de hambre para que ellos aprendan a responsabilizarse de algunas de sus conductas les hará más bien que mal.

Por ejemplo, no sería lo más adecuado dejar que experimenten la consecuencia natural de no lavarse los dientes, pero si un niño sano no quiere comer y lo dejamos que pase hambre por unas cuantas horas hasta que sea hora de la siguiente comida, no pasará nada grave.

Por su parte, las consecuencias lógicas requieren de la intervención de un adulto o de otro niño y evitan que pasen las consecuencias naturales. Son eficaces cuando reorientan al niño hacia una conducta útil, lo motivan a hacer las cosas mejor y a elegir colaborar de un modo responsable. No es una imposición, como ocurre en el caso del castigo, en la que el adulto tenga que salir ganando y el niño tenga que pasarlo mal para aprender la lección.

El problema está cuando se confunden las consecuencias lógicas con los castigos. Los adultos los solemos confundir frecuentemente, pero los niños detectan inmediatamente cuando en el fondo se trata de un castigo o una amenaza. Dreikurs lo explica así:

«Cuando utilizamos el término ‘consecuencias lógicas’, los padres a menudo lo malinterpretan como una nueva forma de imponer sus exigencias a sus hijos. Los niños perciben esto como lo que es: un castigo encubierto.»

Para que no ocurra esto, la mejor manera de utilizar las consecuencias lógicas es asegurándose de que cumple con los cuatro criterios básicos:

  • Relacionada con la conducta, de otro modo es un castigo. Por ejemplo: «Si sigues peleando con tu hermano, no podrás ver la tele.»
  • Respetuosa y no hacer que el niño se sienta avergonzado o culpable.
  • Razonable, tanto para el niño como para el adulto.
  • Revelada de antemano, que el niño ha de saber qué es lo que va a suceder si no opta por una determinada conducta.

Por ejemplo, si derrama la leche, una consecuencia lógica relacionada es pedirle que limpie. Lo importante es no añadir coletillas extras que hagan sentir mal al niño: «eres torpe», «no vuelvas a hacerlo porque no sabes», etc. Tampoco sería razonable pedir al niño que tuviera que limpiar toda la casa por haber derramado un poco de leche.

En algunos casos resulta conveniente dar a elegir al niño entre parar o modificar la conducta o experimentar la consecuencia lógica. Si no hay una consecuencia lógica obvia o ésta se percibe como un castigo, probablemente no es la mejor manera de resolver ese problema. Una buena alternativa a los castigos y las consecuencias lógicas disfrazadas es centrarse en encontrar soluciones a los problemas y conductas.

En conclusión, a pesar de que los castigos funcionan a corto plazo, resulta más beneficioso buscar soluciones a largo plazo. En este caso las consecuencias naturales y las consecuencias lógicas pueden ayudar. Pero la mejor manera de utilizar las consecuencias lógicas es hacerlo poco y mejor buscar otras herramientas y métodos de disciplina que nos ayuden a buscar soluciones y a motivar a los niños a mejorar su comportamiento.

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Sobre el autor

Mariana Martínez

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Soy mamá, pedagoga y educadora de padres de Disciplina Positiva. Me dedico a asesorar y capacitar papás dándoles herramientas con las que educar a sus hijos con respeto, amor y asertividad. Mi objetivo es fortalecer a otras familias ayudándoles a construir una base sólida que favorezca el crecimiento de cada uno de sus miembros.

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