Lo que hay detrás de la mala conducta de los niños

En Disciplina Positivaby Mariana MartínezLeave a Comment

Siempre solemos decir a los niños: «pórtate bien». Una frase que nos han dicho a todos y que nosotros repetimos a nuestros hijos o alumnos. Pero, ¿qué significa portarse bien exactamente? ¿Y portarse mal? ¿Qué es lo que hay detrás de la mala conducta de los niños?

Lo primero sería aclarar qué significa portarse bien para los adultos y qué significado tiene para los niños. Quizás para nosotros es algo así como: esperar que los niños tengan el comportamiento adecuado –y socialmente aceptado- para cada circunstancia. Es decir, no hacer rabietas o berrinches, esperar su turno para hablar y hacerlo con un tono de voz adecuado, dar las gracias y pedir las cosas por favor, compartir sus juguetes incluso con desconocidos y una interminable lista de conductas que podemos generalizar como «buenas».

Por otro lado, ¿qué entienden los niños cuando les decimos «pórtate bien»? ¿Se lo has preguntado a tus hijos? Personalmente considero que ésta es una frase bastante ambigua y poco precisa. La mayoría de las veces las frases no tienen el mismo significado para nosotros y para los niños.

En una ocasión mi hija de 3 años estaba cantando alegremente con un volumen demasiado alto dentro de casa. En ese momento yo necesitaba estar atenta a algo que debía escuchar con claridad, así que le pedí repetidas veces que parara:

¡Bingo! Ella bajó el tono de voz. Según mi percepción ella estaba gritando, según su percepción ella sólo estaba cantando, con lo cual quizás lo que le pedía le sonaba absurdo. Ahí me di cuenta que en ocasiones el problema no está en la «rebeldía de querer hacer lo que quieran o de imponer su voluntad por encima de la nuestra», como piensan muchos padres, sino en la diferencia de percepción de cada uno.

Los adultos vemos y entendemos la vida de una forma, y los niños lo hacen de otra muy diferente a la nuestra. Por lo tanto, lo que hay detrás de la mala conducta de los niños, o que los adultos consideramos como mala, puede ser mal entendido entre lo que se dice y lo que se entiende o una diferencia en cómo percibimos las situaciones.

En este punto hay una consideración muy importante a tener en cuenta. La mayoría del tiempo los niños pequeños no se están «portando mal», sino que están actuando como corresponde a su edad. Son inquietos y necesitan moverse; curiosos y no pueden estar en silencio, sino tienen que preguntar, averiguar; transparentes y directos. Muchas veces los adultos nos olvidamos de esto y exigimos un comportamiento en contra de su naturaleza.

Lo mismo sucede cuando un bebé llora porque quiere que lo tengan en brazos. Los bebés necesitan los brazos para sentirse seguros y amados. No es una forma de manipularnos ni tomarnos el pelo, ellos no saben qué es eso ni cómo hacerlo, sólo saben que necesitan a sus papás o a sus cuidadores y llorar es la forma de pedirlo.

Pese a todo esto, no podemos negar que efectivamente hay comportamientos o conductas de los niños que nos sacan de nuestras casillas y que pueden llegar a irritarnos y enfadarnos. Si logramos sobrepasar la rabia inicial, controlar nuestra paciencia y explorar nuestros sentimientos respecto al mal comportamiento, descubriremos que lo que hay detrás de la mala conducta de los niños es una conducta de supervivencia.

Los niños están contantemente tomando decisiones y formando creencias sobre sí mismos y lo que necesitan para desarrollarse o sobrevivir. Cuando se desarrollan adquieren la percepción de ser capaces, importantes y necesitados. Cuando sobreviven están intentando encontrar el modo de sentirse tenidos en cuenta e importantes, y los adultos interpretamos esto como una mala conducta.

Rudolf Dreikurs decía que «un niño que se porta mal es un niño desanimado». La mala conducta de un niño es la punta del iceberg, debajo hay un objetivo y una falsa creencia de cómo conseguirlo. A todos los niños -y adultos- les gusta sentirse tenidos en cuenta, importantes y capaces; pero a veces buscan ese reconocimiento de una manera inadecuada. Detrás de la mala conducta de los niños está la siguiente frase: «No me siento importante ni parte de nada. Soy un niño y sólo quiero pertenecer.»

También, lo que hay detrás de la mala conducta de un niño es un adulto responsable (que no culpable) de ésta. ¿Cuántas veces los niños se portan mal porque están cansados o tienen hambre? ¿Quién es responsable de esto? ¿Cuántos adultos no se ponen de mal humor por los mismos motivos? ¿Cuántas veces los niños no hacen un berrinche porque se sienten frustrados o dan un manotazo o gritan por estar enfadados? ¿Has observado cómo reacciona un adulto frustrado o enfadado?

Muchas veces les exigimos a los niños comportamientos que ni nosotros como adultos somos capaces de lograr en nosotros mismos. Si queremos que los niños aprendan a controlar su conducta, deberíamos aprender a controlar la nuestra y dar ejemplo. Lo más importante que debería haber detrás de la mala conducta de un niño es un adulto consciente y empático que sepa motivarlos, hacerlos sentir capaces e importantes de una manera amable y respetuosa.

Crédito de imagen.

Sobre el autor

Mariana Martínez

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Soy mamá, pedagoga y educadora de padres de Disciplina Positiva. Me dedico a asesorar y capacitar papás dándoles herramientas con las que educar a sus hijos con respeto, amor y asertividad. Mi objetivo es fortalecer a otras familias ayudándoles a construir una base sólida que favorezca el crecimiento de cada uno de sus miembros.

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