Uso de pantallas en menores de tres años

En Educación by Mariana MartínezLeave a Comment

El uso de pantallas en menores de tres años está cada vez más normalizado socialmente. Si te soy sincera, hay algo que arde y se revuelve dentro de mí cada vez que veo por la calle a un niño que va en su carrito mirando vídeos de YouTube en el móvil, muchas veces a todo volumen, mientras el adulto (mamá, papá, abuelos, etc.) pasea, compra o habla con otros.

El angelito sobre mi hombro derecho me ayuda a pensar en algunas excusas para comprender y no juzgar a ese adulto: quizás está teniendo un día difícil, puede ser que necesite un poco de tranquilidad, tal vez piense que eso es bueno, sano y divertido para el pequeño, etc.

Por otro lado, sobre mi hombro izquierdo tengo al diablillo al que le encantaría acercarse a esa persona y decirle, de la manera más amable posible, que dejarle el móvil al niño es perjudicial para su salud y su desarrollo.

Evidentemente siempre ha ganado el angelito y jamás me he acercado a nadie a decirle nada sobre el móvil. Pero no puedo evitar entristecerme al pensar en todo lo que se está perdiendo el niño por ir hipnotizado delante de una pantalla mientras pasea por la calle.

Por un lado, hay mucha desinformación e ignorancia sobre los efectos que tiene el uso de pantallas en menores de tres años. Los neuromitos alrededor del tema tampoco ayudan a conocer la realidad. Esto es algo que me es cercano y que comprendo por mi experiencia, pues hace ya algunos años yo tenía otras ideas sobre el uso de pantallas en menores que estaban basadas en estas falsas creencias y falacias en la información.

Y, por otro, he observado que también hay mucho cansancio, estrés, prisa, dificultades para conciliar y, en algunas otras ocasiones, egoísmo y poca voluntad de esfuerzo por parte de los padres quienes al final eligen la salida fácil cuando ya no pueden más y deciden ponerlos delate de una pantalla.

Mi intención con este artículo no es juzgar, sino comunicar y hacer pensar a los padres para que puedan tomar las decisiones informadas y responsables que consideran adecuadas para su familia.

Porqué permitimos y promovemos el uso de pantallas en menores de tres años.

Como mencionaba al principio, el uso de pantallas en menores de tres años está bastante normalizado en la sociedad. Las razones más comunes por las que los papás permiten y promueven su uso son las siguientes: 

*Porque necesitan tiempo.

Ya sea para concentrarse o trabajar, para descansar, para estar tranquilos, para preparar la cena, ducharse o para hacer cualquier actividad que resulte difícil hacer con un niño pequeño como compañía.

Todos sabemos que criar un niño es el trabajo más cansado y difícil de la vida; y que en algún momento del día necesitamos utilizar las dos manos y el 100% de nuestro cerebro para realizar alguna actividad. Sin embargo, poner a un niño delante de una pantalla no es la mejor solución.

*Porque los niños de ahora son “nativos digitales” y necesitan pantallas.

Además, entre antes empiecen a usarlas, mejor. Se piensa que, como viven en un mundo tecnológico y rodeado de pantallas lo mejor es enseñarles su uso correcto cuanto antes.

Que se diga que los niños de ahora son “nativos digitales” no significa que necesitan pantallas o que vienen con un “chip” integrado que les facilita su uso. En realidad, un bebé tiene las mismas necesidades ahora que aquellos que nacieron hace 100 años, cuando todavía no se inventaba ni popularizaba la televisión. Si actualmente los niños aprenden a usar una tablet con tanta facilidad es porque éstas están pensadas para que sean muy intuitivas, no porque sean genios tecnológicos.

*Porque son educativas y las utilizan “sólo” con programas o aplicaciones con las que aprenden.

En cuanto a que son educativas, numerosos estudios han demostrado que los niños necesitan de realidad para aprender. De hecho, hay un fenómeno llamado efecto del déficit del video con el que explican la dificultad que tiene un niño de aprender a partir de representaciones grabadas y transferirlas al mundo real. Y otras muchas investigaciones que avalan que lo que necesitan los niños para aprender, es el contacto con otras personas, en especial con su figura de apego.

*Por desconocimiento, desinformación o negación de los efectos negativos que tiene el uso de pantallas.

La información que nos rodea no es del todo clara ni cierta, incluso es confusa y contradictoria según convenga. Además, muchas veces por comodidad o porque todo el mundo lo hace, nos justificamos pensando que está bien. Hace algunos años sucedía lo mismo con el tabaco y ahora, a pesar de que hay mucha gente que fuma, sabemos que es dañino para la salud.

*Por desesperación de los padres.

Muchas veces, los padres encuentran en ellas la única solución para que el pequeño coma, duerma, se tranquilice, esté tranquilo un rato, etc.

¿Te identificas con alguno de los motivos anteriores? ¿Se te ocurre algún otro motivo?

En cualquier caso, sea cual sea el motivo, es importantísimo saber que el uso de pantallas no es inocuo, sino que, por el contrario, puede tener graves consecuencias para los niños.

Consecuencias del uso de pantallas en menores de tres años

Que vivimos en un mundo cada vez más tecnológico no cabe duda. Que las pantallas están al alcance de cualquiera es una característica de evidente del siglo XXI. Sin embargo, no porque tengamos facilidad de acceso a algún dispositivo significa que debamos utilizarlo o que todo sean ventajas.

Un argumento bastante recurrente suele ser el de que las pantallas no son ni buenas ni malas, sino que depende del uso que se les de. Sin embargo, el debate sobre el uso de pantallas en menores de tres años no se debería de reducir a cuestionar si son buenas o malas, sino más bien a si su uso es saludable y necesario para su desarrollo.

La Asociación Americana de Pediatría advierte evitar el uso de pantallas en menores de dos años. Muchas otras asociaciones de pediatría dan recomendaciones similares y todas lo hacen basándose en criterios de salud y no en criterios educativos.

¿Qué es lo que un niño de 0 a 3 años necesita realmente para crecer, desarrollarse y aprender?

En una respuesta rápida y breve podríamos decir que las necesidades básicas de los niños en esta etapa son: en primer lugar, sentir amor, conexión y pertenencia en su entorno, sentirse valiosos y protegidos; y luego evidentemente también necesitan alimento, dormir, higiene, moverse y jugar. Y ninguna de estas necesidades las va a cubrir una pantalla.

Durante los primeros tres años de vida, el cerebro de un niño empieza a tomar forma y a crear las conexiones neuronales. Para esto requiere interactuar con otras personas, observar sus movimientos, sus gestos o sus sonidos e imitarlos. Esto se logra poco a poco con la relación amorosa y cara a cara con una figura cercana.

Imagina que, durante estos tres primeros años de vida, se graba en el cerebro del niño el “disco duro” a partir del cual entenderá el mundo, se comprenderá a él mismo y le ayudará a tomar futuras decisiones. Es cierto que no recordamos conscientemente las experiencias de esos primeros años, pero sí que están almacenadas en una zona del cerebro y, además, dejan una huella que nos influye el resto de nuestra vida. ¿Qué te gustaría que se le quedara guardado en ese disco duro, los capítulos de Peppa Pig o los momentos de juego contigo?

Daniel Siegel explica que, si un niño carece de experiencias interpersonales, no tendrá recursos para entender, situar y formar su propia identidad. Entonces buscará lo que hay en su memoria implícita, ese “disco duro”, para llenar los vacíos que le quedan y acabará, por tanto, haciendo suyo el comportamiento del personaje que ve en las series de televisión.

Y es que el mayor problema del uso de pantallas es que son cuando un niño está delante de ellas, está dejando de hacer otras actividades que sí son necesarias e indispensables para su crecimiento y desarrollo físico, emocional, cognitivo, social, etc. Cuando está utilizando un móvil, deja de interactuar con los demás, pierde contacto con la realidad, no se mueve, no realiza actividades de exploración manual, no investiga siguiendo su sentido innato de curiosidad, etc. En definitiva, no hay ninguna fuerza interior que le motive ya que todo le viene dado desde el exterior.

A continuación puedes ver algunas de las consecuencias negativas del uso de pantallas.

Consecuencias negativas del uso de pantallas en menores

Los tres mayores errores del uso de pantallas:

Antes he mencionado las consecuencias negativas que puede tener el uso de pantallas en menores de tres años. Sin embargo, hay tres momentos en los que su uso es todavía peor:

  1. Para tranquilizarlos. Usar las pantallas como chupete emocional es una falta de respeto hacia los niños. Si las utilizamos para calmar una rabieta o un enfado estamos enseñándoles a apagar o desconectar sus emociones y no a vivirlas y gestionarlas adecuadamente.
  2. Para comer. Distraer a los niños con una pantalla mientras comen les impide aprender a comer, a conocer los sabores, las texturas de los alimentos y, sobre todo, son un obstáculo enorme para disfrutar de la convivencia y socialización que debe haber durante las comidas.
  3. Para dormir. La luz que emiten las pantallas influye en los ritmos circadianos, evita la producción de melatonina, hormona que nos ayuda a conciliar el sueño, y confunde a nuestro cerebro indicándole que no es hora de dormir. Sabemos que dormir las horas necesarias es imprescindible, especialmente en los más pequeños, no sólo para lograr un buen descanso, sino porque es cuando el cuerpo aprovecha para recuperarse, crecer y aprender.

En definitiva, los adultos somos los encargados de velar por la salud y el óptimo desarrollo y crecimiento de nuestros niños. Que estén delante de una pantalla es nuestra responsabilidad. Así que te invito a reflexionar ¿quién se beneficia más del uso de pantallas, ellos o nosotros? ¿Nuestra comodidad es más importante que su crecimiento? ¿Qué ejemplo les estamos dando con el uso que hacemos nosotros del móvil, de la Tablet o de la televisión?

Como lo mencioné al principio, este artículo no es para juzgar a nadie, cada uno tiene sus motivos de hacer lo que hace. No obstante, sí espero que esto sirva para informar y quizás incomodar lo suficiente para que te haga repensar y tal vez replantearte el papel que tienen las pantallas en tu vida familiar.

Sobre el autor

Mariana Martínez

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Soy mamá, pedagoga y educadora de padres de Disciplina Positiva. Me dedico a asesorar y capacitar papás dándoles herramientas con las que educar a sus hijos con respeto, amor y asertividad. Mi objetivo es fortalecer a otras familias ayudándoles a construir una base sólida que favorezca el crecimiento de cada uno de sus miembros.

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