Cuando mi entorno no apoya mi manera de educar

En Educación by Mariana MartínezLeave a Comment

El conocido proverbio africano dice que para criar a un niño hace falta una tribu. Y es que es un trabajo tan demandante y exigente que las familias necesitamos de otras personas en las que apoyarnos y con quienes “descansar”, no sólo físicamente -que también es muy importante- sino emocionalmente.

No obstante, la realidad es que muchas veces las familias nos encontramos o nos sentimos solas en esto, ya sea porque no tenemos personas a nuestro alrededor con quienes hacer tribu o porque el entorno no apoya nuestra manera de educar.

A partir de que nos convertimos en mamás (o papás) comenzamos a recibir una gran cantidad de comentarios y consejos sobre cómo deberíamos cuidar, criar o educar a los hijos. Estos pueden ser bien intencionados, pero también nos pueden hacer sentir juzgados o criticados. Además, en ocasiones, nos confunden, acrecientan nuestra inseguridad sobre si estamos haciendo las cosas bien y merman la confianza que tenemos en nuestra propia capacidad de educar.

Sobra decir que cada persona nos recomendará lo que cree que es mejor o lo que le ha funcionado. Pero cada bebé, cada niño y cada familia es un mundo; y los últimos responsables y quienes deben decidir cómo criar y educar a los hijos somos los padres.

No obstante, a todos nos gusta sentirnos aceptados. La aprobación de los demás hacia nuestra manera de educar y criar a los hijos, valida y da firmeza a nuestras decisiones. Por eso, cuando el entorno no apoya nuestra manera de educar, nos surgen dudas de si lo estaremos haciendo bien o deberíamos hacerlo de otra forma.

Las formas de educar hoy no son como las de antes.

Quizás te hayan dicho o hayas escuchado alguna frase como las siguientes:

  • Si lo cargas cada vez que llora se va a malacostumbrar a los brazos.”
  • “Esta niña está muy consentida y llora por todo. Necesita que le pongas más límites para que sepa quién manda.”
  • “Vete ahora que está distraído, así no se da cuenta que te has ido.”
  • “Qué delicada eres con las cosas que se les pueden decir a los niños.”
  • “Déjala que llore, así aprende. Tampoco es para tanto.”

Afortunadamente, la mirada hacia la infancia ha cambiado en los últimos años y, gracias a la investigación, hoy tenemos mucha más información y conocimiento sobre lo que los niños necesitan. Conocemos mejor el funcionamiento del cerebro y la psicología infantil, la importancia de la educación emocional, la aplicación de diversos tipos de pedagogías y el efecto que tienen los diferentes estilos de crianza, etc.  

Por mencionar algunos ejemplos: hoy sabemos de la importancia de ser responsivos ante las necesidades de un bebé y que es siempre recomendable atenderlo y cargarlo cuando llora. Conocemos los diferentes tipos de apego y que un niño que no llora cuando se va su mamá no es más fuerte ni más independiente como se pensaba hace algunos años. Ahora le damos un mayor protagonismo a la parte emocional, a identificar y expresar adecuadamente las emociones. Antes eran sólo los niños quienes debían respetar a los mayores. Hoy en día muchos buscamos relaciones horizontales, en donde también los niños sean respetados y tenidos en cuenta.

Todo este avance en el conocimiento y ese cambio de mirada nos debe llevar a tomar mejores decisiones sobre la educación de los hijos. Sin embargo, no todas las personas están de acuerdo con estas “nuevas tendencias o corrientes”, no las entienden o no conocen la explicación (médica, científica, psicológica, pedagógica, etc.) que hay detrás. Es por esto por lo que parte de la sociedad, no está preparada para acompañar a las familias que eligen un determinado modelo de educación.

¿Qué puedo hacer si mi entorno no apoya mi manera de educar?

Lo principal y más importante es estar convencido de porqué habéis elegido determinada manera de educar a los hijos. Y esto, como he dicho al principio, corresponde únicamente a ambos padres. Tener una base “teórica”, una justificación de porqué se han tomado ciertas decisiones en la familia, nos dará la seguridad de seguir adelante a pesar de que a veces se tenga la sensación de ir contra corriente.

Otro aspecto elemental es aprender a escuchar y agradecer amablemente la preocupación de la otra persona por ti y tu hijo. Si escuchamos con respeto las opiniones de otros, que no quiere decir que vayamos a cambiar de idea, es más probable que los demás también respeten las nuestras. Al final siempre puedes terminar aclarando que lo seguirás haciendo a tu manera.

  • “Gracias lo tendré en cuenta.”
  • “Agradezco tu interés y preocupación, pero seguiremos haciéndolo de esta manera.”
  • “Hemos investigado, nos hemos informado y por eso hemos decidido hacerlo así.”
  • “Entiendo lo que me dices, pero para nosotros es muy importante _____.”

Esto incluye mostrar respeto a las demás familias que tienen una forma de educar diferente a la nuestra. No se trata de juzgar o de hacer una competencia sobre quién lo hace mejor o cuáles decisiones son más acertadas. Es más bien encontrar puntos de encuentro para poder convivir en armonía con los demás.

Luego, si realmente se necesita un entorno semejante, que apoye y acompañe, puedes buscar otro. No lo vas a sustituir completamente, no vas a cambiar de pareja, amigos o de abuelos, pero sí puedes buscar apoyo en otros lugares: grupos de crianza, talleres, cursos o encuentros en los que puedas conocer a gente afín a tus ideas de educación y puedan hacerse compañía en el camino.

Por último, es relevante mencionar que es enriquecedor y sano que los niños vean que hay otros tipos de educación, formas distintas de hacer las cosas en cada familia de acuerdo con sus valores. Quizás podamos aprender nuevas formas de educar o reforzar nuestras decisiones. Además, nos puede servir para desarrollar un pensamiento crítico (que no ser críticos) en los hijos y que ellos también vayan formando su propio criterio.

Y, sobre todo, no dudes en la capacidad que tienes de educar a tus hijos, pues tú los conoces mejor que nadie y quieres siempre lo mejor para ellos. Cometerás errores, como todos, pero esos son sólo maravillosas oportunidades para aprender y hacerlo cada vez mejor.

Sobre el autor

Mariana Martínez

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Soy mamá, pedagoga y educadora de padres de Disciplina Positiva. Me dedico a asesorar y capacitar papás dándoles herramientas con las que educar a sus hijos con respeto, amor y asertividad. Mi objetivo es fortalecer a otras familias ayudándoles a construir una base sólida que favorezca el crecimiento de cada uno de sus miembros.

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