El rol de los adultos en el juego libre de los niños

En Educaciónby Mariana Martínez2 Comentarios

Mamá, papá, ¿juegas conmigo? Seguramente hemos escuchado esto muchas veces, y según el momento nos resultará más o menos fácil y apetecible participar. El rol de los adultos en el juego de los niños dependerá también del tipo de juego. En esta ocasión me quiero referir al juego libre, aquel sin instrucciones ni juguetes estructurados, que nace desde la imaginación, la espontaneidad y la voluntad de cada niño.

En una ocasión estuve acompañando a mi hija mientras jugaba en una mesa llena de bloques de construcción. Esta vez yo me dedicaba sólo a observarla a ella y a los otros niños que jugaban solos o con sus padres. Un niño estaba jugando y el papá le decía lo siguiente: «No Hugo, así no. Ese ya no aguantará. ¡Qué no!» Entonces se cayó una parte de la construcción: «¡ves, te lo dije!» Al poco rato fue una mamá la que le daba indicaciones a otro niño mientras ella misma le colocaba las piezas: «No, así no. Mira así. Necesitas una base sólida, luego ya puedes poner lo de arriba.»

Me vinieron muchas preguntas a la cabeza. ¿Quién estaba jugando, los papás o los niños? ¿Qué pasaba si se caía una construcción, sería algo tan grave que los papás tenían que intervenir en ello? ¿Por qué no dejaron que ellos mismos lo intentaran? ¿Por qué tenemos que dirigir el juego de los niños? Aunque en esa ocasión yo no intervine mientras mi hija hacía su torre, ¿había hecho yo lo mismo alguna y no me había dado cuenta? Probablemente todos lo hemos hecho en algún momento sin ser conscientes.

Los adultos tenemos la tendencia a guiar y dirigir el juego de los niños porque pensamos que nosotros sabemos más y porque les podemos explicar cómo son las cosas, ahorrándoles el camino de equivocarse o de fracasar; pero con esto también les impedimos experimentar, volverlo a intentar y descubrir algo por ellos mismos. Jugar es el trabajo de los niños y a lo que deberían dedicar la mayor parte de su tiempo. Ellos son los expertos en el área pues es parte de su esencia y por lo tanto, los que deben de decidir cómo hacerlo.

Es a través del juego libre que los niños entienden el mundo, pues imitan el comportamiento de los adultos, expresan sus sentimientos ante una situación concreta, sienten empatía al cambiar de papel y ponerse en los zapatos del otro, etc. Además, desarrollan habilidades, trabajan el pensamiento crítico y creativo, expresan sus emociones, fomentan su autoestima, etc. Todo esto de una forma natural y entre iguales, sin una necesaria intervención de los adultos.

En consecuencia, el rol de los adultos en el juego libre del niño debería ser principalmente de acompañante y observador, limitándose a participar sólo cuando se le requiera. Por supuesto ha de proporcionar un entorno seguro donde jugar y ser mediador en caso de que sean varios niños y surja un conflicto que entre ellos no puedan resolver.

Sin embargo, a veces los niños nos invitan a compartir juegos con ellos y nosotros aceptamos. En ocasiones lo hacemos porque nos sentimos que es parte de nuestra obligación como padres, aunque en realidad no tengamos ganas. En estos casos la mayoría de las veces ocurre que en lugar de jugar, hacemos como que jugamos, pero nuestra mente está ocupada en otros pensamientos y no centrada 100% en el juego como hacen los niños, quienes suelen notarlo en seguida. Así que, si un día no podemos aparcar nuestra mente y dejar el móvil por un rato, o realmente no nos apetece jugar, quizás es mejor sólo acompañarlos en el silencio mientras juegan, estando cerca de ellos.

Por otro lado, cabe destacar la importancia de respetar el tiempo de juego de los niños y no interrumpirlos mientras lo hacen. A nosotros nos resulta bastante molesto que nos interrumpan cuando estamos concentrados trabajando o haciendo algo importante para nosotros. Permitamos pues que ellos jueguen sin interrupciones, que tengan ese momento único para ellos en el que puedan sumergirse de lleno en su mundo.

Por eso mismo, no queramos aprovechar el momento del juego para introducirles conocimiento. Esto es algo que se suele hacer especialmente con los más pequeños. El juego ya es en sí mismo la actividad educativa más completa por excelencia, a través de la cual los niños aprenden naturalmente. Como dice André Stern: «El niño no es capaz de diferenciar entre jugar y aprender.» Por lo tanto, no es necesario que mientras construyen una torre repasemos los colores, les enseñemos a contar o a seguir series. El mundo ya es demasiado académico como para disfrazar el tiempo de juego libre con una clase de matemáticas.

Por último, recordar que lo más importante es que nuestros niños sepan que les queremos en todo momento y que no pasa nada si de vez en cuando los dejamos jugar y no participamos nosotros. Nuestro amor no se demuestra necesariamente jugando -o haciendo como que jugamos- con ellos, sino con palabras, besos, abrazos, cosquillas, etc. Pero por supuesto, también los invito a que reaprendamos a jugar como niños y a dejarnos llevar por ellos de vez en cuando, es un momento fantástico para compartir juntos.

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Sobre el autor

Mariana Martínez

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Soy mamá, pedagoga y educadora de padres de Disciplina Positiva. Me dedico a asesorar y capacitar papás dándoles herramientas con las que educar a sus hijos con respeto, amor y asertividad. Mi objetivo es fortalecer a otras familias ayudándoles a construir una base sólida que favorezca el crecimiento de cada uno de sus miembros.

Comentarios

  1. Hola Mariana, me encantó tu artículo, me sentí completamente identificada con el tema.
    Mi nombre es Paula, tengo un niño de 18 meses. El juego con él siempre es libre, lo ingresé a clases de gimnasia de estimulación con el propósito de mostrarle el juego dirigido. Ha sido muy difícil que el siga la rutina que la profesora plantea porque el vé ese salón lleno de tantos objetos llamativos que siempre termina haciendo algo muy diferente a lo que se plantea en clase.
    Yo se que tanto el juego dirigido como el libre tiene sus ventajas y desventajas, pero depronto desde tu vivencia podrías darme algunos tips para encontrar un punto de equilibrio entre los dos tipos de juego y lograr que mi hijo disfrute de los dos sin problemas.
    Muchas gracias

    1. Autor

      Hola, Paula,

      Creo que el mejor consejo que te puedo dar es que sigas al niño. Limitate a observarlo e intenta intervenir lo menos posible. La mayor riqueza del juego libre reside precisamente en eso, en la libertad que tienen para seguir sus intereses, explorar y satisfacer su curiosidad, ¡no hay nada más estimulante que eso! El juego dirigido vendrá más adelante, cuando sea un poco mayor, y él mismo aprenderá a disfrutarlo sin ningún esfuerzo de tu parte.

      ¡Saludos!

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