Invertir tiempo en enseñar

En Disciplina Positivaby Mariana MartínezLeave a Comment

Los niños aprenden la mayoría de las cosas por imitación; desde aprender a hablar hasta la manera de reaccionar ante ciertos acontecimientos. Aunque a veces no nos lo parezca, ellos están atentos, con los ojos bien abiertos, observando qué hacemos y cómo lo hacemos. La verdad es que suelen aprender bastante rápido y lo hacen lo mejor que sus capacidades físicas o cognitivas lo permiten.

En esta ocasión, quiero enfocarme en cómo los niños aprenden –y en cómo nosotros les enseñamos- a hacer las cosas cotidianas. Me refiero a aspectos de su rutina personal: vestirse, lavarse las manos, etc.; tareas del hogar: recoger la habitación, limpiar la cocina, etc.

Sí, queremos que los niños sean capaces de hacer las cosas por ellos mismos y que colaboren en casa, pero pocas veces nos detenemos e invertimos tiempo en enseñarles, en explicarles detalladamente qué es lo que esperamos y cómo esperamos que se haga.

Por ejemplo, una frase típica de mamá es: «ordena tu habitación». Esta es una indicación poco clara o específica y no da suficiente información para que se entienda qué es lo que se espera. Para algunos niños esto significa que no haya nada en el suelo –aunque todo esté puesto encima de la cama sin hacer; para otros que los juguetes estén en su lugar –aunque la ropa esté tirada-; otros simplemente no ven desorden, sino que ven a sus juguetes en el lugar en donde tienen que estar para el momento del juego. Ellos no ven el desorden que nosotros vemos.

Quizás sería mejor irlos guiando paso a paso especificando qué hay que hacer para que la habitación quede ordenada. «Guarda la ropa limpia en el armario y la sucia en el cesto.» Y una vez que lo haya hecho, dar la siguiente indicación: «Acomoda los libros en la estantería.» Y así sucesivamente. Cuando esté todo terminado, se puede decir: «así es como debe quedar la habitación ordenada.»

Por supuesto que hacerlo una vez no será suficiente. Hace falta acompañarlos hasta que lo puedan ir haciendo solos. Y así como el ejemplo de la habitación, puede ser limpiar la cocina, preparar la mesa, lavarse los dientes, atarse los zapatos, etc. La cuestión es que no hay que esperar que los niños sepan hacer las cosas perfectamente a la primera, ni con la escueta información que les damos, hay que invertir tiempo en enseñarles a hacer las cosas de la manera que esperamos.

Además, aunque parezca evidente, es imprescindible tener en cuenta que invertir tiempo en enseñar, implica también darles a ellos el tiempo para aprender, para equivocarse, para pensar en lo que han hecho mal y reflexionar la manera en que lo pueden hacer mejor la próxima vez.

En una ocasión, hablando sobre algo relacionado con este tema, alguien hacía la reflexión de que imagináramos que vivimos en una ciudad de superhéroes que son capaces de hacer todo mejor que nosotros y más rápido. ¿Cómo nos sentiríamos? Yo me sentiría inútil, incapaz y sin confianza en mis habilidades. Los niños pueden sentirse así la mayoría del tiempo cuando no invertimos tiempo en enseñar y no tenemos paciencia para aceptar que los errores forman parte del proceso.

Por eso, es importante no hacer por un niño lo que él o ella pueden hacer por sí mismo. Muchas veces pensamos que los niños son poco capaces de hacer cosas. Sin embargo, ellos pueden hacer mucho más de lo que nos pensamos. Cuando están preparados para hacer algo, es necesario que perciban que confiamos en ellos, para que también se sientan capaces, lo intenten y lo consigan. ¡Incluso los adultos nos sorprenderemos!

Cuando hacemos demasiado por ellos, los privamos de oportunidades para desarrollar, a través de la experiencia, la creencia de que son capaces. En vez de eso, pueden terminar creyendo que necesitan que se hagan cargo de ellos o que tienen ‘derecho’ a que se lo hagan todo.  -Jane Nelsen-

Finalmente, quiero recalcar que, invertir tiempo en enseñar también requiere centrarse en el proceso y en el esfuerzo más que en el resultado. Esperar únicamente tener buen resultado, empobrece el proceso de aprendizaje, pues el niño sólo esperará a conseguir algo perfecto para agradar a alguien. Sin embargo, centrarse en el esfuerzo hará que gane en autoconfianza, tenacidad, perseverancia, entre otras muchas cosas; se dará cuenta que las cosas se obtienen después de varios intentos y con mucho esfuerzo, lo cual hará que valore sus logros.

Crédito de imagen.

Sobre el autor

Mariana Martínez

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Soy mamá, pedagoga y educadora de padres de Disciplina Positiva. Me dedico a asesorar y capacitar papás dándoles herramientas con las que educar a sus hijos con respeto, amor y asertividad. Mi objetivo es fortalecer a otras familias ayudándoles a construir una base sólida que favorezca el crecimiento de cada uno de sus miembros.

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