¿Son buenos los premios para motivar a los niños?

En Disciplina Positivaby Mariana MartínezLeave a Comment

Anteriormente, he hablado sobre los castigos y porqué no es la mejor forma de motivar a un niño a que se porte bien o haga las cosas mejor. En esta ocasión hablaré sobre los premios. ¿Son buenos los premios para motivar a los niños? ¿Cuáles son las consecuencias de dar premios?

Hemos visto que los castigos sirven a corto plazo para interrumpir la conducta no deseada. Sin embargo, dañan la relación entre el adulto y el niño ya que éste último se centra en la ira, en la injusticia, en la venganza o en el miedo más que en modificar adecuadamente la conducta.

Entonces, ¿si los castigos son malos, quizás los premios sí son buenos? Solemos pensar que premiar la conducta «buena» de un niño, resulta beneficioso pues obtendrá una recompensa que lo motivará a seguir actuando de esa manera y a repetir la conducta deseada.

Los premios y castigos forman parte del sistema más común de educación tradicional que hemos vivido la mayoría de los adultos. ¿A quién no le han dado premios o lo han castigado en casa o en el colegio? Por décadas, padres y profesores han utilizado esta técnica en la que se premia las buenas conductas y se castiga las malas para educar, o, mejor dicho, adiestrar la manera de actuar de un niño.

En otra ocasión he mencionado lo que Rudolph Dreikurs decía sobre la mala conducta de los niños. «Un niño que se porta mal es un niño desmotivado.» Por lo tanto, la mejor manera de ayudar a un niño que se porta mal es, sin duda, motivarlo. Entonces, ante la pregunta de si son buenos los premios para motivar a los niños, la respuesta inicial sería: depende. Depende de lo que se quiere lograr con esa motivación. Lo explico con más detalle a continuación.

Motivar, según el diccionario de la Real Academia de la lengua Española es: «influir en el ánimo de alguien para que proceda de un determinado modo.» Y también: «estimular a alguien o despertar su interés.» Según Jane Nelsen, motivar es brindar a los niños oportunidades para desarrollar las percepciones de «soy capaz, puedo ser útil y puedo influir en lo que me pasa o en cómo reaccionan

Existen dos tipos de motivación, dos maneras de influir en el ánimo de alguien, de estimular su interés. La diferencia entre ambas es el origen del estímulo o de aquello que mueve al niño o adolescente a actuar de una determinada manera.

Motivación externa

Es aquella cuyo origen viene desde el exterior. El niño hace algo porque se le ha prometido un premio o por evitar un castigo. Muchas personas piensan que es la única forma de motivar a los niños. Es un tipo de motivación que crea dependencia y apatía porque no despierta un ningún deseo interno. ¿Tú, como adulto, te mueves por las recompensas o por evitar castigos?

Esta postura viene por el conductismo, escuela que defiende que todo es programable y que, para aprender, el niño depende únicamente del entorno.

«La premisa del conductismo es que el niño no tiene interés en aprender por sí mismo, hay que inculcárselo desde fuera hacia dentro, a base de premios y castigos.»

– Catherine L’Ecuyere –

La motivación externa puede ser efectiva, pero sólo a corto plazo. Los niños y adolescentes hacen las cosas únicamente porque se lo piden y siempre y cuando se les de algo a cambio. El responsable de la conducta es el adulto que vigila la conducta y ofrece premios o castigos, y no el niño. ¿Qué pasa cuando el adulto no está y no puede premiar o castigar? ¿Es responsable el niño de su conducta?

– Película The Cirlce –

Motivación interna

Es la que nace del interior, del deseo, la curiosidad y la responsabilidad por uno mismo. El niño hace algo porque realmente le interesa, porque ha interiorizado un valor, está convencido que es lo que tiene que hacer independientemente de lo que opinen los demás o las recompensas que se le han prometido.

La motivación interna ayuda a los niños a controlar, regular y hacerse responsables de su conducta y de sus actos. No estudian para sacar una buena nota, lo hacen porque tienen curiosidad por aprender. No mantienen la habitación en orden porque de otra manera no pueden salir con los amigos, lo hacen porque han interiorizado el valor del orden.

Quiero hacer aquí una distinción entre un premio y un reconocimiento. No es lo mismo decir: «si te vistes tu solo por la mañana durante toda la semana, te compraré un helado.» Esto sería dar una recompensa a cambio de una determinada forma de acutar, se condiciona la acción. Por otro lado, se puede decir: «he notado que esta mañana te has vestido tu solo. ¿Cómo te sientes de haberlo conseguido?» Este segundo caso se reconoce la acción después de que ocurrió.

Por lo tanto, para contestar si son buenos los premios para motivar a los niños hay que reflexionar sobre qué es lo que queremos para nuestros hijos. ¿Modificar una conducta a corto plazo o motivar a largo plazo? ¿Qué hagan algo cuando alguien los observa para obtener su aprobación y recompensa? ¿Qué sean responsables de sus actos en cualquier circunstancia, estando solos o acompañados?

Personalmente me gustaría que mis hijos aprendan a regular su conducta sin necesidad de premiar o castigar. Quiero que actúen o hagan algo porque han aprendido e interiorizado el valor que hay detrás de una forma de comportarse y no porque están siendo chantajeados con un premio o un castigo, como quien adiestra a un perro a dar la pata.

Y tú, ¿qué prefieres?

Sobre el autor

Mariana Martínez

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Soy mamá, pedagoga y educadora de padres de Disciplina Positiva. Me dedico a asesorar y capacitar papás dándoles herramientas con las que educar a sus hijos con respeto, amor y asertividad. Mi objetivo es fortalecer a otras familias ayudándoles a construir una base sólida que favorezca el crecimiento de cada uno de sus miembros.

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