Cómo disfrutar y sobrevivir a los terribles dos años.

En Educación por Mariana Martínez2 Comentarios

Los terribles dos años o aDOSlescencia, como se le conoce coloquialmente, es la etapa en la que aquella pequeña y adorable personita, que te derrite con su simpática sonrisa, se convierte, de pronto, en un volcán en erupción y se tira a mitad de la calle a llorar y gritar por un motivo que no entiendes o que no sabes solucionar porque, ante la mirada y lógica adulta, parece algo irracional y sin sentido.  

Es una etapa que, sin duda, suele descolocar a los papás, advertidos quizás previamente por alguien que ya ha pasado por esto, y que pone a prueba los límites insospechados de su paciencia. Sí, la etapa de los dos años puede ser terrible, en el sentido que causa terror y angustia cuando no se sabe cómo acompañar a los pequeños. Pero también es una edad en la que son maravillosos, divertidos, ocurrentes y fantásticos. 

Entonces, para que los terribles dos años resulten menos terroríficos y más agradables es oportuno conocer la etapa de desarrollo en la que están los niños, así como sus necesidades de crecimiento y aprendizaje.  

A los dos años, los niños están auto descubriéndose, tomando conciencia de ellos mismos y de sus nuevas y mejoradas capacidades. Es por eso que quizás la frase más típica de esta etapa es “yo solo”. Quieren intentarlo todo, poner a prueba su autonomía y descubrir qué son capaces de hacer.  

Es una etapa clave porque se descubren como personas independientes, pero, a la vez, se están dando cuenta de que pertenecen a una familia y a un grupo cultural.  

Les gusta mucho el orden, no en el sentido que nos gustaría a los padres, de recoger y ordenar sus juguetes, sino que necesitan que las personas, los objetos y los sucesos sean constantes. Les da seguridad y les permite orientarse en el tiempo y en el espacio. Es por esto que cuando una galleta se rompe o se les da sólo un trozo de pan y no la rebanada completa lloran e intentan volver a unir las partes.

breve explicación del desarrollo de un niño de dos años

Así pues, cuando alguna de sus necesidades, de orden, de movimiento, de descanso, de exploración y experimentación, entre otras, no están cubiertas, los niños estallan en las temidas rabietas. Más adelante se explica qué se puede hacer cuando suceden. Pero, primero será mejor describir lo maravilloso y fascinante que tienen los aDOSlescentes.

Lo maravilloso de los terribles dos años 

A los dos años, los niños son curiosos, inquietos, exploradores, que les gusta observar y experimentar cosas nuevas. Es una etapa de descubrimiento en la que su capacidad de asombro es el motor que les empuja a descubrir, emocionarse y aprender. Es la fantástica etapa de los <porqués> y de los <qué es eso>. 

Son creativos y encuentran ingeniosas formas de solucionar sus problemas o vencer obstáculos. Por ejemplo, si necesitan alcanzar algo que está muy alto, no dudarán en escalar un mueble, acercar una silla para subir por ella, o incluso, hay quienes lanzan objetos hacia arriba con tal de intentar derribar lo que quieren alcanzar.  

Esto demuestra también que son perseverantes, cuando quieren algo, no paran hasta conseguirlo. Lo intentan una y otra vez, aunque a veces, la frustración y la lucha incluyan también un llanto descomunal por no poder lograr su objetivo.  

Comienzan a ser más conscientes de sus emociones, aunque no sepan qué es exactamente lo que son. Las expresan tal y como las sienten, aunque no las entiendan ni sepan de dónde vienen, y casi todas las demuestran con gritos, hasta la alegría.  

Personalmente pienso que en ocasiones los adultos deberíamos ser un poco más como un niño de dos años y vivir la vida con el tesón, el asombro, la intensidad y la pasión con la que lo hacen ellos.  

¿Qué hacer para vivir con los terribles dos años y no morir en el intento?  

Lo más difícil de los terribles dos años son las famosas rabietas o berrinches por motivos que los adultos solemos considerar insignificante, sin importancia o exageradas. Sin embargo, en la lógica privada de un niño de dos años, tiene todo el sentido del mundo, ya que de alguna manera necesita expresar y sacar lo que siente.  

Así que para acompañar a un niño que atraviesa los terribles dos años, hay cinco aspectos indispensables que los papás deben tener: paciencia, paciencia, paciencia, paciencia y… ¡más paciencia!  

En serio, lo primero y más importante es respirar profundamente y ser conscientes de que es sólo una etapa y, como todo, pasará tarde o temprano. Es mejor aprovechar y quedarse con todo lo bueno y divertido que tienen los niños de dos años, viviendo el momento desde la parte positiva y maravillosa, quitando la etiqueta negativa que los predispone y los etiqueta como terribles. 

Para conseguir esto, es clave tener en cuenta que, lo que hay detrás de aquello que consideramos un mal comportamiento de un niño de dos años, no es la intención de hacerte la vida imposible, sino la necesidad de conectar. Como cualquier persona, lo que busca es sentirse querido y aceptado, así como expresar sus sentimientos y todo aquello que verbalmente no puede o no sabe decir. Además, la mayoría de las veces no es que se esté portando mal, sino que está actuando lo mejor que sabe de acuerdo a su naturaleza y a lo que su cuerpo y su mente de dos años le pide.  

Por lo tanto, los adultos debemos saber interpretar su comportamiento y anticiparnos a los malos momentos. Por ejemplo, cuando los niños están cansados, tienen sueño o hambre, suelen estar más irritables y, por tanto, son más susceptibles a tener rabietas. Y también, como cualquier otra persona a veces tienen días malos porque sí.  

Si entendemos esto, si respetamos sus tiempos de dormir, comer, descansar, jugar, etc. e intentamos respetar, seguir y atender sus necesidades, es probable que los berrinches disminuyan o, al menos, que no sean tan frecuentes. 

De la misma manera, tener establecidas algunas rutinas y seguirlas les da seguridad y el orden que tanto necesitan durante esta etapa. Cuando haya cambios bruscos o alguna diferencia significativa en su día a día como comenzar la guardería o el colegio, dejar el pañal, cambio de casa o la llegada de un hermanito, es importante que los papás tengan una dosis extra de paciencia y de empatía por lo que están viviendo y sintiendo.  

Por otro lado, con lo que respecta a su autonomía, es importante que los dejemos hacer todo lo que ellos puedan o quieran intentar hacer por ellos mismos, por supuesto dentro de los límites razonables para preservar su seguridad. Resulta conveniente adaptar lo máximo posible el entorno, de manera que el niño pueda explorar y hacer cosas por él mismo sin estar constantemente repitiendo “eso no se toca”. Todo lo que ellos pueden hacer por sí mismos pero que hacemos por ellos, les quita una oportunidad de desarrollar o practicar habilidades y de sentirse capaces. 

A los niños de dos años les gusta imitar lo que hacemos los mayores. Son especialmente cooperadores; les gusta, y pueden, ayudar bastante en algunas tareas de casa: poner la mesa, poner la ropa sucia en la lavadora, ayudar a preparar algunos alimentos, sacar y guardar algunas cosas de la compra, pasar la escoba, etc. Aunque no lo hagan tan bien ni tan rápido como un adulto, es un buen momento para invertir tiempo en enseñarles cosas nuevas además de que, sentirse útiles, favorecerá su sentido de pertenencia al hacer algo importante por los demás.  

En este sentido, los dos años son una etapa en la que los niños tienen una curiosidad innata que es lo que les mueve a explorar y aprender. Por lo tanto, no necesitan que les ofrezcamos premios ni recompensas para motivarle a hacer cosas. Dar un buen ejemplo y decir frases o palabras de aliento será más que suficiente.  

Con lo dicho anteriormente, se pueden reducir y reconducir muchas de las rabietas. Sin embargo, éstas no van a desaparecer y, por tanto, es obligación de los adultos aceptarlas y aprender, en primer lugar, a dominar la propia rabieta cuando se pierde la paciencia, y en segundo, a actuar de manera que les transmita tranquilidad y amor hasta que el berrinche pase. 

Disfruta de los terribles dos años

¿Qué hacer cuando la rabieta estalla? 

Es importante recordar que el berrinche es la punta del iceberg y que debajo de esa conducta hay motivos que a simple vista no se ven y que, en un niño de dos años, probablemente no se entiendan. Por lo tanto, algunas cosas que se pueden hacer son: 

  • Empatizar con ellos.
  • Ponerse a su altura y acompañarlos. A veces no son necesarias las palabras.  
  • Validar y aceptar sus sentimientos, darle un nombre a lo que sienten sin minimizar el motivo o quitarle importancia. 
  • Vigilar que no se hagan daño y que no hagan daño a los demás.  
  • Darles opciones de cómo sacar o expresar lo que sienten. (por ejemplo, no pegar a una persona, pero sí a un cojín) 
  • Distraer y redirigir su atención. Los niños de dos años no entenderán de ninguna explicación lógica.  
  • Resirar, volver a respirar y esperar a que pase.

Lo que se debe evitar: 

  • Juzgar o quitar importancia al motivo de la rabieta: “pero si no ha sido nada”, “ya está, no es para tanto” 
  • Utilizar el chantaje. “Si haces esto… te doy…”  “Si sigues llorando… me pondré triste o me enfadaré…” o “Te voy a dar para que llores por algo.” 
  • Etiquetar: “eres malo”, “eres un desobediente”, etc. Incluso cuando pensemos que no está escuchando: “es un trasto…” 
  • Castigar.
  • Usar la silla o el rincón de pensar para que reflexionen sobre su conducta.
  • Frases que lo humillen como: «hoy está tonto« cuando tiene un mal día.

Por supuesto, cada situación es diferente y cada niño es único, especial e irrepetible. Nadie mejor que sus padres para conocerlo y saber qué es lo que necesita en cada momento. No hay dos niños iguales y tampoco hay recetas que valgan para todos. Lo explicado anteriormente, son lineamientos y recomendaciones generales pero que cada familia debe entender y adaptar a su situación.  

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Sobre el autor

Mariana Martínez

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Soy mamá, pedagoga y educadora de padres de Disciplina Positiva. Me dedico a asesorar y capacitar papás dándoles herramientas con las que educar a sus hijos con respeto, amor y asertividad. Mi objetivo es fortalecer a otras familias ayudándoles a construir una base sólida que favorezca el crecimiento de cada uno de sus miembros.

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